
¿Se trata de manera distinta a los presos que reingresan en prisión?
La verdad es que no. El trato es el mismo. Ahora bien, van a un módulo de reincidentes y eso conlleva que, posiblemente, conozcan a otros internos o a los funcionarios, y eso no es malo. Lo que sí es cierto es que la relación resulta más fluida y más fácil si el funcionario conoce al preso. Al primario (que acaba de entrar) le choca más la cárcel, está más retraído. El reincidente, a veces, entra riéndose. A ese, el funcionario no le tiene que decirle por dónde tiene que pasar, no hay que explicarle que debe someterse a un cacheo ni lo que debe hacer.
¿Tienen algún tipo de estatus carcelario?
Ellos, al menos, lo pretenden. Intentar parecer líderes y todo eso sobre los presos primarios.
¿Y lo consiguen?
Puede que haya alguno que sí, que ejerza de ello, pero una de nuestras misiones es evitarlo, porque puede dar lugar a extorsiones y a crear una especie de mafias dentro de la prisión.
¿Hay programas especiales para intentar rehabilitarlos?
No. El programa esencial es el trabajo y los cursos de formación, y no hacemos excepciones en ningún sentido. Se les dan permisos como a todo el mundo y no se les priva de los derechos que tienen.
¿Recuerda algún reincidente que le diera algún dolor de cabeza?
Yo me llevo bien con el reincidente, porque ya lo conoces. Tienes más confianza y le puedes preguntar cualquier cosa, porque ya sabes de qué pie cojea.
Y la familia, ¿se olvida de ellos?
A veces se olvidan, sí, aunque no en todos los casos. La familia desiste a veces porque se cansa. Les dan oportunidades, les piden, más bien, les exigen que no vuelvan a hacerlo, que no vuelvan a entrar. Pero al final se cansan y dejan de ir a verlos. Las que no se cansan nunca son las madres. No he visto a una que diga 'ahí se queda, que se pudra'. Incluso, las que son víctimas de malos tratos por parte de sus hijos.










