Eduardo Matías, 24 años, empezó en la UMA, pero pronto se dio cuenta de que no era exactamente lo que se esperaba. Aunque está terminando la Ingeniería Técnica de Telecomunicación, también estudia FP en el Instituto Rosaleda. «Lo que allí veía en la pizarra aquí lo toco con las manos», afirma. «Minusvaloraba la FP, y me he dado cuenta de que es mucho más práctico».
Contrato
Su caso es cada vez más habitual. En su clase ya hay varios alumnos en la misma situación. Sobre el mercado laboral, dice que la demanda de profesionales es tal que una sola empresa podría contratar a todos los estudiantes de su promoción. «Los licenciados tienen más posibilidades de ascenso, pero aquí hay más trabajo». Sin embargo, cree que las dos facetas se complementan, y aspira a encontrar una empresa con perspectivas de futuro para desarrollar su profesión.
Una de las pocas chicas de la clase es Susana Cruz, malagueña de 18 años. «Me han dicho que hay mucha demanda de trabajadores, incluso en algunas empresas piden sobre todo mujeres», comenta, aunque desconoce la razón.
Al terminar el Bachillerato, se decantó por un ciclo de grado superior. «Esto es más práctico que una carrera. Aquí todo lo que me explican lo hago de verdad. Tengo amigos que estaban en la Universidad y lo han dejado para venir a FP».










