
A su lado, Oliver Sanz, 19 años, le quita hierro al asunto y recuerda que es la primera vez que salen a pintar a la calle. «Es difícil, con la gente mirando y eso...», se excusa entre las risas disimuladas de otros compañeros que se afanan en trasladar a su cuaderno el célebre pensador de bronce.
Pablo y Oliver forman parte del grupo de alumnos de Arquitectura que deambulan por la mitad sur de la calle Larios. Hasta allí los ha llevado José Díaz Pardo, su profesor de 'Análisis de formas', que ha planteado esta actividad como el primer ejercicio práctico de esta asignatura de primer curso. Díaz Pardo argumenta que esta iniciativa pretende acercar a los jóvenes «las escalas, los valores espaciales, las direcciones y las formas de los objetos», en palabras del docente.
Tarea complicada
Esa es la teoría, pero en la práctica, la mano alzada se convierte en muchos casos en una mano temblorosa. Como la del veinteañero plantado en mitad de la calle, con las piernas un poco abiertas, la mirada clavada en la escultura y el lápiz agarrado como un arma. Parece un duelo del salvaje Oeste. A un lado, 'Pierre de Wissant' (1887), retorcido y oscuro; al otro, el alumno que dibuja ese brazo en escorzo. Una y otra vez. No. Cada poco la goma se frota con las hojas de la libreta. Y otra vez. Que no. La paciencia se olvida de él, como la luz del Sol, cada vez más débil.
«No hay manera. Esta es muy difícil, de verdad... Me voy a intentarlo con otra escultura, a ver si hay más suerte», concede sin decir su nombre: «Que luego sale en el periódico y todo el mundo se cachondea de mí».
Mucha concentración
Joaquín Bonet (27 años) parece más tranquilo. Este antequerano también ha escogido 'El pensador', el más requerido por los alumnos de Arquitectura que revolotean alrededor del pedestal mientras intercambian impresiones y vistazos a sus cuadernos. Joaquín está tan concentrado que ni siquiera atiende a lo que sucede a su alrededor. «Perdona, no estaba escuchando... ¿Qué es lo más difícil de dibujar esta escultura? Supongo que la expresión del rostro... y el equilibrio entre las partes del cuerpo», responde con detenimiento.
Ese es uno de los objetivos de la clase: que los alumnos asimilen con el dibujo el valor de la proporción. El profesor argumenta el método: «Los ordenadores son una herramienta muy útil, pero lo más importante es dibujar, dibujar y dibujar. A mis alumnos les repito, por ejemplo, que pinten a sus novios o novias; no para aprender a pintarlos, sino para aprender a mirarlos». Parece un buen consejo.








