
El deán de la Catedral, Francisco García Mota, recordó que, a principios de este año, otra tormenta también paralizó el reloj y causó daños a los mecanismos que lo controlan y a los que permiten accionar las campanas desde la sacristía mediante un sistema informático. «Es la segunda vez que pasa y los técnicos están estudiando qué medios podemos poner para que no vuelva a ocurrir», dijo.
Y es que parece comprobado que el pararrayos catedralicio ejerce bien su función. El problema es que en la misma torre en la que se ubica se encuentran una serie de aparatos eléctricos que son muy sensibles, por lo que sus componentes se dañan cuando la electricidad del rayo entra en la torre.
Dispersión
Fernando Ramos, aparejador de la Catedral, explicó que el relámpago que se atrae produce una dispersión de su energía por toda la zona alta de la torre que, hasta el momento, no se ha podido evitar. «Estamos buscando una solución para este problema, que podría ser la instalación de una red denominada 'equipotencial' que serviría para aislar la energía eléctrica que penetra cuando se atrae el rayo», relató Fernando Ramos, quien confió en poder llevar a cabo esta actuación «de inmediato».
Ramos recordó que, hace 18 años, la fuerza de un rayo captado por la torre fue tal que rompió parte del cupulín que la remata. «Hasta ahora no teníamos aparatos eléctricos en la torre pero, tras la restauración de las campanas, sí existen y hay que cuidarlos», dijo.










