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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

VIVIR
Por la cara
Conciertos sin taquilla, cursos sin matrícula y viajes con billetes gratis. En la sociedad de consumo, lo gratuito está de moda y se multiplican las guías y las asociaciones especializadas

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Por la cara
SUBMARINISMO. Cursos gratuitos para aprender a bucear.
«¿PAGAR la cuenta? ¿Qué costumbre más absurda!». Esta frase de Groucho Marx se ha convertido en el lema de un creciente colectivo de personas que se han propuesto demostrar la ingente cantidad de actividades que se pueden realizar sin rascarnos el bolsillo. Son los 'freegans' y han hecho del ahorro su bandera para abrir los ojos a los consumidores aún convencidos de que todo tiene un precio. Estados Unidos es la cuna de este movimiento y donde ha alcanzado una mayor repercusión, pero Europa ya ha visto nacer iniciativas similares. Su reflejo en España es la comunidad web sindinero.org, un rincón que pretende ser un almanaque de recursos gratuitos.

Sus creadores son Juan Manuel Sánchez y Berta Fernández, quienes el pasado año se propusieron «ayudar a que la gente pueda dejar de ser esclava del vil metal», resume Sánchez. Su comunidad aglutina a personas que quieren ocupar un rato de ocio sin abonar entradas ni consumiciones y otras en busca de soluciones más radicales, «pero, en todo caso, nuestra filosofía es muy clara: no al consumismo y al trabajo esclavizante».

La web contiene una completa guía para moverse por Madrid y Barcelona sin saquear la cartera, así como una agenda de ocio y un vademecum de recursos para conseguir asesoramiento profesional, viajes o cursos gratuitos. Desde los trámites para recurrir una multa de tráfico hasta proyecciones de cine, pasando por clases de guitarra, aprender a instalar un ordenador o a reconocer las constelaciones con un telescopio.

Sin embargo, el apartado que suscita más curiosidad es el 'hazlo tú mismo', un rincón que propone la reparación frente a la sustitución y la construcción frente a la compra. La instalación de un ordenador, construir una guitarra eléctrica o cambiar las bujías del coche no tienen secretos para los usuarios de este portal. Más de 800 internautas se reúnen a diario en este foro, de cuyo nacimiento fueron culpables las experiencias laborales de sus creadores.

«Yo trabajaba en el sector inmobiliario en departamentos de compra de suelo para promotoras bastante fuertes y fui testigo del 'boom' del sector», recuerda Juan Manuel Sánchez. «Me concienció mucho ver cómo bancos y promotoras se forraban a costa de que el ciudadano hipoteque su vida por cuatro ladrillos». Y ahí es donde su 'web' quiere aportan un granito de arena.

«Se trata de ayudar a que la gente llegue a fin de mes, porque vivir sin dinero es una utopía a la que no se puede aspirar en una sociedad como la nuestra», reconoce. Juan Manuel y Berta siguen sus propios consejos. Acuden a un curso municipal de creación literaria y hacen intercambios de idiomas por Internet para perfeccionar el inglés y el francés. Definen el dinero como «una entelequia que gobierna nuestras vidas y saca lo peor de nosotros» e intentan resistirse a «la cultura dominante que nos induce a pagar por cualquier estupidez».

COMPRAS: LA COMUNIDAD DEL TRUEQUE

Por todo ello, comparten la filosofía de las múltiples asociaciones de trueque esparcidas por el globo, que reivindican la moneda como simple herramienta para facilitar los intercambios. Estas comunidades surgieron en Canadá como respuesta a la crisis económica que vivió el país en 1983, pero alcanzaron su máxima expresión en Argentina durante 'el corralito'. La experiencia americana se exportó a España y se tradujo en pequeñas asociaciones que utilizaban su propia moneda para el intercambio de bienes y servicios. «Si una costurera tiene que revisar su coche y un mecánico ,necesita un traje, ¿por qué no ponerlos en contacto?», pregunta Eduardo Troncoso, fundador de una de las primeras asociaciones españolas.

Permaneció activo durante cinco años, «hasta que en 2002 la voluntad de los miembros empezó a decaer, porque es difícil mantener una iniciativa de este tipo en un país con una buena situación económica», recuerda su fundador. El club superó el centenar de socios, entre ellos una panadería, una frutería y una academia que admitían el pago con 'nodines' la moneda de la comunidad.

El espíritu de estos proyectos renació el pasado año en el municipio vizcaíno de Ermua, donde una treintena de personas hacen posible comprar sin euros. Se trata de un 'banco del tiempo', donde los inscritos realizan intercambios de servicios y la moneda de pago y contabilización es simplemente una hora. Las promotoras de la idea, Maite Fernández e Inma Pagaldai, pretenden extender la iniciativa en los próximos meses.

¿Qué servicios que se ofrecen? Hay de todo tipo. Cuidado de niños y personas mayores, peluquería, odontología, pequeñas reparaciones domésticas, conversación y práctica de idiomas (inglés, francés y castellano), costura, servicios de transporte en coche y furgoneta, cuidado de la casa en vacaciones (regar plantas o recoger correspondencia), masajes o informática. Son algunos ejemplos de la amplia oferta que se puede encontrar en www.auzopolis.net. El 'banco del tiempo' está abierto a la participación de personas mayores de 18 años dispuestas a 'prestar' sus horas a cambio de 'otros tiempos'.

Existen otras iniciativas más tangibles en otros municipios, donde la gente lleva los objetos más diversos para intercambiarlos por otros de su gusto. En la misma línea, nuevas comunidades de intercambio han encontrado en los foros de Internet la plataforma perfecta para facilitar el contacto entre sus miembros y mantener vivo el espíritu del trueque. Por ejemplo, el Trocódromo de Madrid, el Kotruco de Córdoba o Cor, la asociación de trueque de Baleares.

«Somos 130 personas dispuestas a conocer gente e intercambiar, sobre todo, servicios», resume Humberto López, miembro de Cor. Dado que el intercambio literal entre dos socios suele ser complicado, «utilizamos nuestra moneda, el 'cor' (corazón en catalán) que vale por tres horas de servicio», explica López. El objetivo final es que los socios se conozcan entre sí y sepan qué puede ofrecer cada uno, «por eso organizamos encuentros y actividades lúdicas de vez en cuando».



VIAJES: EL CLUB DE LA HOSPITALIDAD

Este mismo concepto de ayuda mutua vertebra al Club de la Hospitalidad. Sus 55.000 miembros, repartidos por más de 180 países, ofrecen alojamiento, comida o visitas gratuitas por su cuidad, para que viajar al otro lado del mundo sea un placer asequible a todos los bolsillos. Fue fundado hace seis años por Veit Kuehne, un joven alemán que ha decidido recorrer el mundo para dar a conocer el proyecto y alcanzar el millón de socios.

El punto de encuentro entre los que demandan y ofrecen ayuda es, de nuevo, una sede virtual. Todo el proceso es gratuito y, además, no se trata del clásico sistema en el que dos personas intercambian sus hogares temporalmente para descubrir otras culturas. No es necesario ofrecer alojamiento para conseguir un techo gratis en otro país.

De todos modos, las ventajas económicas no son el aliciente principal de los miembros del club. Héctor Zalama forma parte de esta comunidad desde hace más de un año y asegura que mucha gente no pide ni comida ni alojamiento. «Quieren conocer gente del lugar que visitan para sumergirse en su cultura y costumbres. Los hoteles siempre son iguales», sostiene. Héctor ha recorrido media Europa desde su ingreso en el club.

Desde Lituania a Estambul, pasando por Varsovia y Suiza, «los compañeros que me han acogido me han aportado mucho más que cualquier guía turístico». Y él hace lo propio. «Prácticamente todos los meses tengo a alguien en casa, porque el norte del país se ha convertido en un sitio de paso muy habitual», comenta. De todos modos, recuerda que nadie está obligado a devolver la moneda: «Hay que tener claro que no hay compromiso y que mucha gente sólo pide ayuda, no la ofrece».

Otra modalidad, no completamente gratuita, es la que ofrece Intervac, una agencia internacional que se dedica a poner en contacto a propietarios de viviendas de más de medio centenar de países para que intercambien sus casas en vacaciones. Más reciente es la iniciativa que permite alquilar, comprar y vender una vivienda sin pagar comisiones. Esta inmobiliaria gratuita pone en contacto vía Internet (www.alkila.net y www.alpiso.net) a los particulares.

FORMACIÓN: LA RED DEL CONOCIMIENTO

Y, si el saber no ocupa lugar, ¿por qué pagar? Numerosos colectivos creen en la libre circulación del conocimiento, al margen de derechos de autor. Entre ellos, la comunidad virtual Wikilearning fue la primera en la que los usuarios pudieron compartir gratuitamente todo tipo de cursos y artículos para continuar su formación sin necesidad de abonar matrículas. Cinco jóvenes menores de 25 años organizan este foro de intercambio que ofrece más de 16.000 cursos. Antonio Montenegro es el encargado de gestionar el contenido de esta web, que atrae cada mes a 4,5 millones de usuarios, españoles y latinoamericanos.

«Los cursos están organizados en 1.700 temas, desde clases de ofimática a trucos de magia», describe. De todos modos, la mayoría de los usuarios buscan nuevas formas de ocupar su tiempo de ocio, con clases de guitarra, yoga o retoque fotográfico. Pero lo que mantiene vivo este foro es su condición de 'wiki': los usuarios, mediante una sencilla herramienta, pueden introducir nuevos cursos o modificar los existentes.

«Nosotros nos encargamos de validarlos para asegurarnos de que todos tengan calidad suficiente», aunque admite que la mayor parte de su esfuerzo lo dedican a «controlar que nadie introduzca contenidos inadecuados. Cualquier persona con conocimientos de programación te puede volver loco».

OCIO: NOCHES ALTERNATIVAS

El abanico de posibilidades para ocupar nuestro tiempo libre, sin sacar la cartera, lo completan muchas instituciones públicas, sobre todo, ayuntamientos que hace una década empezaron a diseñar programas municipales para ofrecer actividades culturales y deportivas gratuitas y así inculcar hábitos saludables entre los más jóvenes.

Sesiones de feng shui, una lectura rápida de las líneas de la mano, aprender a plantar un bonsai o a diseñar un maquillaje gore, además de cursos de buceo, natación o piragüismo... cientos de propuestas, entre las que destacan, por su éxito de convocatoria, las clases de malabares, percusión y, sobre todo, las de cocina y de baile.

Algunos cantautores y grupos noveles también se dejan caer por estos locales de vez en cuando, pero asistir a conciertos, exposiciones y proyecciones de artistas consagrados también es posible sin abonar un solo euro.

Para eso está la agenda del Club Cultura de la Fnac que, prácticamente todos los días abre sus puertas a ciclos de cortometrajes. Sin olvidar las salas que todos los fines de semana ofrecen conciertos gratuitos.
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