
No. Qué va, qué va. Muchos de los que están trabajando no son albañiles. Son chavales, más o menos espabilados. Pero el albañil es otra cosa. Es una especie casi en extinción. Es un profesional que sabe hacer una casa desde que se empieza hasta que se termina. Hoy, entre el destajo y que hay que abaratar el producto, la mitad de la gente que trabaja en las obras son montadores. Está quedando sólo en los pueblos, pero en las ciudades, muy poquitos. Profesionales con menos de 50 años se pueden contar con los dedos de una mano. Precisamente, con el concurso de albañilería lo que pretendemos es fomentar y ampliar los conocimientos técnicos del oficio, haciendo unos ejercicios que no son habituales en la construcción normal, figuras que ahora se hacen con otros materiales, como hormigón y acero.
Ganó el último concurso nacional de albañilería y creó el certamen más antiguo del ramo en España. Para ser un buen albañil...
Tiene que gustarle mucho su profesión. Y recrearse en lo que está haciendo. Tener sentimiento de albañil, saber que lo que está haciendo, ya sea una casa o un colegio, lo va a usar la gente. Es artesanía pura, está dejando su huella permanente, 'esto lo he hecho yo'. Y sentido de la responsabilidad.
¿Qué se siente al ver una obra terminada?
Una satisfacción tremenda, sin lugar a dudas. Porque es una cosa que has hecho bien y que va a durar cientos de años, y que la va a contemplar la gente. Es como un escultor. Lo que se hace con gusto, con sentimiento y con profesionalidad impacta y llama la atención. Desgraciadamente, hoy valen las casas una burrada. Si se hicieran como se hacía antes valdría burrada y media.
¿Los pisos valen lo que se paga por ellos?
Qué va. Vale mucho más el solar que construir una vivienda. Eso es lo que ha encarecido brutalmente la vivienda. Si un piso cuesta 30 millones de pesetas, la parte proporcional al solar son casi 20. Te piden 100 millones por un suelo donde caben tres viviendas, pues ya sabes que la parte proporcional al solar son 30 millones. Y otro problema es que en muchas zonas la mayoría de las viviendas se han revendido, las han comprado para venderlas, porque en cinco años se ha doblado el valor.
La obra de la que está más orgulloso.
La primera nave espectacular que se hizo en Málaga fue Easa, en la carretera de Cádiz. Luego la compró Volkswagen. Aquello se hizo cuando terminé la mili, con 22 o 23 años. Pero han sido tantas. Colegios, viviendas, oficinas bancarias...
¿En cuántas ha participado?
¿Uff! Mucha gente me decía que estaba loco. Había épocas que desde Nerja a Benaoján podía llevar hasta 20 obras...
¿A la vez?
A la vez, a la vez. Aquello era coger el coche a las siete de la mañana y llegar a las diez de la noche. Con 40 y 50 años se da mucho de sí.
Toda la vida en el tajo.
Empecé a trabajar con 11 años, no como dice todo el mundo: 'porque había mucha necesidad'. No. Empecé porque el maestro del colegio le dijo a mi madre que me llevara a los Jesuitas o a los Maristas porque ya me había enseñado todo lo que podía. En aquellos tiempos esos colegios eran para la gente de la élite. Como no podía me fui a trabajar con mi padre, que era el encargado de obra del maestro Mora. Aquella empresa fue un vivero de albañiles buenos.
Va por Málaga diciendo: 'estoy lo hice yo'.
Sin lugar a dudas.
Debe ser bonito.
Es una profesión bonita, y más como encargado de obras, donde tienes contacto con gente de todos los niveles, desde el más modesto hasta el más titulado, y con todos los oficios. Y conoces muchos sitios, te enriquece mucho.
Y con 11 años, ¿qué hacía?
Con ocho años ya iba a Málaga a llevarle la comida a mi padre, a la obra.
A Málaga.
Los paleños vamos a Málaga. Terminaba en el colegio y mi madre tenía preparado el pañillo para llevárselo. Me quedaba en la capilla de la Asunción, en Pedregalejo, haciendo las molduras de escayola que iban a poner en los artesonados. Y luego tenía mis moldes y hacía pistolitas de escayola y se las vendía a los niños del barrio (risas). La empresa del maestro Mora era muy dura para subir puestos, porque había gente muy buena, y en el año 1956, con 15 años, yo estaba ya dado de alta en el sindicato como oficial de primera albañil. Tenía la escuela de mi padre y de mi hermano Demófilo, el mejor profesional que ha habido en la construcción en Málaga. Trabajaba disfrutando desde chico.
El Rey tiene la insignia de su Peña El Palustre.
Era príncipe todavía y era la primera vez que venía a Málaga. Invitaron a varias peñas, entre ellas El Palustre. El presidente de la entidad era entonces José María de Castro, y le puso la insignia que llevaba en su solapa. Luego quisieron ir todos.
Y lo de la ambulancia...
La peña en el año 1974 donó una ambulancia a la casa de socorro del barrio. Se hizo un acto y no vino nadie del Ayuntamiento. Entonces a Paco Fadón se le ocurrió salir a buscar a un barrendero para entregarle la ambulancia a un representante del Ayuntamiento... Se armó una buena (sonríe).
La peña tiene un rincón taurino que lleva su nombre.
Es la pasión de uno. Si no hubiera sido albañil habría sido torero, ¿si hubiera tenido valor para ser torero! Yo soy ordoñista hasta la médula. No de los de ahora, sino del abuelo. Los toros son la expresión plástica y artística del valor, el que tiene que tener un torero para crear arte delante de una fiera. Es pasión y sentimiento. Y el toro es el animal más bello e impresionante.
Y el 23 de septiembre otra vez a hacer virguerías con los ladrillos.
Pues sí. Este año celebramos la 41 edición del concurso.
¿Cuál ha sido la prueba más difícil?
La del año 2002, que quedó desierto.
Pero a usted sí le salió.
Mi hermano Demófilo y yo comprobamos siempre que es factible.
Guarda los ejercicios en maquetas en miniatura.
Empezamos a hacerlas en 1995, y han estado expuestas, entre otros, en el Colegio de Aparejadores y en el patio del Ayuntamiento de Málaga.
¿Quién suele ganar?
Los últimos años han sido profesionales de Cáceres y Sevilla. Me duele mucho decirlo, pero desde hace diez años no lo gana ningún albañil de Málaga. Vamos a ver si este año se queda aquí.










