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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 30 septiembre 2014

Sociedad

VIVIR
Respetar la cadena de frío y la higiene, claves para evitar infecciones
Además del huevo y el pescado crudo, las bacterias pueden afectar a los congelados
26.08.07 -
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Algo tan simple como comer puede ser más peligroso de lo que parece. Especialmente, si se trata de mayonesa o boquerones en vinagre. En ellos, salmonelosis y anisakis, respectivamente, campan a sus anchas cuando sube la temperatura. Siempre y cuando no se tomen precauciones, claro. El huevo, la carne, la leche y los pasteles son los alimentos con más 'papeletas' para transmitir la bacteria de la salmonela. Para evitarlo, los expertos aconsejan incrementar la higiene y no romper la cadena de frío, ya que las bacterias se multiplican a temperatura ambiente.

En el caso del anisakis, la congelación previa, durante al menos 24 horas, es suficiente para acabar con el parásito. Es lo aconsejable siempre que se vaya a consumir el pescado crudo. Si se come cocinado no hay nada que temer, ya que el anisakis muere a más de 70º C.

Es una más de las amenazas en el plato. Sin embargo, no sólo es un problema estival. Simplemente, ahora se agudiza. No conviene descuidar, por tanto, durante todo el año una serie de factores a la hora de ponerse ante la mesa, según advierte la Agencia de Seguridad Alimentaria. Ante todo, la limpieza es fundamental. Pero no sólo de las manos, sino de todas las superficies y los utensilios usados en la preparación de la comida. Lo mismo que el paño, mejor cambiarlo por papel de cocina.

Desechar las latas

Asimismo, es importante desechar el envase de los alimentos enlatados abiertos porque su interior se oxida rápidamente. Así, lo mejor será guardarlos en recipientes de plástico o vidrio, en su propio caldo. También se aconseja no descongelar a temperatura ambiente, sino en la parte baja de la nevera, y observar el estado del envase de los productos congelados (si tienen mucho hielo pueden haber sido congelados y vueltos a congelar).

Ahí entra en juego la cadena de frío, básica para mantener en buen estado los alimentos. «Si en algún punto desde el lugar de producción hasta el consumidor se aumenta la temperatura pueden aparecer contaminaciones microbianas, que no se evitan refrigerando o congelando de nuevo el alimento», puntualiza José Luis de la Plaza, investigador del Instituto del Frío.
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