
Los atractivos son numerosos, aunque, de entre todos, sobresale el factor climatológico. Así lo explica el párroco de esta iglesia benalmadense, Manuel Torres, quien destaca que las parejas preparan su ceremonia «como si de unas vacaciones se tratara». «Vienen con todos los familiares y amigos a un hotel y se tiran aquí unas dos semanas, celebrándolo por todo lo alto», comenta.
Según los datos facilitados por este cura, que es además delegado diocesano de la pastoral de Turismo de la Diócesis de Málaga, el pasado año fueron un total de 150 los matrimonios de extranjeros católicos celebrados en la Costa del Sol. De ellos, la mayoría eran irlandeses. «Les encanta nuestro clima, la comida y el ambiente de ocio», apunta Torres, quien explica que existen vías de comunicación entre las distintas parroquias en los países de origen para poner en regla todos los papeles relacionados con el matrimonio.
Por otro lado, este turismo nupcial reporta beneficios a los establecimientos hoteleros de la zona. Así lo confirman los distintos empresarios consultados, que constatan un incremento de este tipo de celebraciones. «Les sale mucho más barato que en su país y, además, se pasan ya también la luna de miel aquí», según afirma Esteban Romero, propietario de un hotel en la Costa.











