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Feria

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PUNTO DE VISTA. LA CONTRAFERIA
Por menos de tres euros no te subes ni en la barra del látigo...
Si un cincuentón se atreve a subirse en uno de esos locos cacharros, puede acabar en Carlos Haya
15.08.07 -
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Por menos de tres euros no te subes ni en la barra del látigo...
CLASICISMO. La noria sigue siendo una de las atracciones que más llama la atención. / FRANCIS SILVA
LA feria de Málaga tiene para los niños una palabra especial que les apasiona y divierte: los carricoches. Este curioso término, que siempre se ha utilizado por estos lares del sur del sur para identificar las atracciones mecánicas que hay ubicadas en el real no tiene en el docto diccionario de la academia el significado que aquí se le da. A saber: «Carro cubierto cuya caja era como la de un coche. 2, despectivo, coche viejo o de mala figura. 3, chirrión o carro de la basura».

Evidentemente falta la acepción malacitana, aunque es difícil de explicar con palabras: ¿cómo definiríamos un carricoche? Porque antes era más fácil, ya que se podría definir como grupo de coches, barcas y caballos de madera que dan vueltas por acción mecánica en los que se montan los niños y que se instalan en las ferias. Pero ahora, de eso nada. Ahora la cosa es mucho más compleja, porque hay atracciones increíbles que, sin embargo, aquí se le sigue denominando 'carricoches'. ¿Es un carricoche la montaña rusa, o esa atracción en la que te ponen un impermeable al subirte en una especie de lanzadera para evitar que te pongas 'pingado' de agua (cosa casi imposible, creánme)...

El domingo por la noche fue una jornada muy tranquila en el real tras el primer fin de semana, que fue muy intenso. Todo lo contrario a lo que fue el lunes, inesperadamente para algunos, y lo que sucedió anoche, víspera de fiesta, que ya se ha convertido en la 'noche estelar' del Cortijo de Torres. Donde el lleno es completo durante todos los días es en la zona de los carricoche, donde ni sábado, ni domingo, ni lunes, ni martes cabía ni un alfiler. Por cierto, la sofistificación de los cacharritos llega al alucine, así como un hecho claro: ni los niños ni los jóvenes le tienen miedo a casi nada, porque vamos cualquiera de los cuarentones o cincuentones nos montamos en un bicho de esos que dan 'vueltas estratoféricas' y tenemos que estar una semana encamados en Carlos Haya. Es la elasticidad y la flexibilidad de la juventud, que no conoce los riesgos, y si los conocen no les hacen ni puñetero caso. Benditos años de la inmadurez, benditos y escasos años, porque pasan demasiado deprisa... Lo cierto es que el euríbor ese tan famoso al que hay que echarle la culpa de todo, parece que ha tenido una importante incidencia en los carricoches, porque por menos de tres euros no te montas ni en la barra del látigo..., e incluso hay atracciones en las que montarse valen cuatro y cinco euros, lo que supone que muchos padres tengan que hacer un verdadero milagro para subsistir a un día de cacharros con dos o tres niños, porque te puedes endeudar más que en vísperas de Navidad.

Los carricoches cada vez son más sofisticados. De la época de la feria del Parque, que uno conoció, sólo sobreviven la noria y el látigo, y poco más. Ahora hay verdaderas 'naves espaciales', algunas de ellas son de asustar, sin duda alguna, pero hay gente para todo, como dijo el famoso torero El Gallo.

Todo marcha según lo previsto, aunque son muchos y muy largos los días de fiesta. Hay que tener mucho aguante y mucho dinero o mucha tiesura para estar de arriba a abajo en la feria del centro, en los toros, en el real y en los carricoches, y encima, algunos, incluso trabajan.

La feria es uno de los motores económicos de Málaga ciudad y eso es algo innegable. Los hoteles y los restaurantes trabajan a una capacidad muy superior a la del resto del año, y hay mucha gente que encuentra unas jornadas para conseguir un dinerín para paliar la escasez y aguantar las constantes embestidas de las hipotecas, que no son como los toros de Jandilla, pero también dan cornadas. De verdad.
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