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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Sociedad

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Un verano entre libros
Padres e hijos pueden llegar a convertir en un drama los suspensos escolares ante la imposibilidad de conjugar las obligaciones de los niños con las vacaciones familiares
20.07.07 -
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Un verano entre libros
PLAN DE ESTUDIOS. Hay que planificar una rutina que no sólo incluya los estudios, ya que el niño debe tener tiempo para divertirse y disfrutar en verano.
FINALES de junio en cualquier colegio. Los niños acuden el último día a clase con una mezcla de sentimientos que van desde la alegría por comenzar las vacaciones al terror por la posibilidad de suspender alguna asignatura. Tras los lloros y las rabietas originados por esos suspensos, se abre un gran interrogante que los padres a menudo no saben contestar: ¿y ahora qué? Septiembre está a la vuelta de la esquina, pero aún hay tiempo para superar ese bache académico.

Los últimos datos facilitados por el Ministerio de Educación revelan que el fracaso escolar en España se ha situado en un máximo histórico del 29,6%, una cifra que en Andalucía aumenta hasta el 34,7%, y que supone que un tercio de los niños abandonan los estudios sin obtener el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria. Con estos desalentadores resultados, y ante el temor a que un suspenso suponga el comienzo de un descenso en picado hacia el fracaso escolar, son muchos los padres que inician el verano con la incertidumbre de qué hacer para enderezar los estudios de los niños.

Para la psicóloga María José Zoilo, lo principal ante un suspenso en «no dramatizar. Uno o varios suspensos no significan que un niño vaya a fracasar en la vida, sino que necesita ayuda». Sólo hay que recordar que a lo largo de la historia ha habido grandes genios que no destacaban en la escuela precisamente por su brillantez. Albert Einstein y Thomas Alva Edison fueron expulsados de sus colegios mucho antes de deslumbrar al mundo con sus descubrimientos; Stanley Kubrick suspendía todas las asignaturas excepto física; y Rafael Alberti y Winston Churchill fueron calificados por sus profesores como personas que nunca llegarían a nada.

Evitar el fracaso

Con semejantes ejemplos de personajes famosos hay que desechar la idea de que un suspenso equivale a un fracaso de por vida, aunque lo principal es ponerse manos a la obra para evitar que ello se convierta en una constante en la trayectoria educativa del niño. «El significado de un suspenso no es el mismo en todos los casos», recuerda Zoilo, por lo que el primer paso es descubrir por qué ha ocurrido.

El desinterés, la falta de técnicas de estudio o de voluntad pueden desencadenar un suspenso que deberá ser afrontado según las edades de los niños de distinta forma.

De hecho, el profesor titular del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Málaga José Ignacio Rivas opina que «en el caso de los alumnos de Primaria, un suspenso es absurdo, ya que es una etapa para iniciarse en la cultura y aprender los valores de la sociedad», mientras que para los alumnos de Secundaria en adelante «hay que hacer responsable al niño para que asuma las consecuencias de sus actos».

Así, los mayores nunca han de mostrarse más dramáticos que el propio hijo ante un suspenso, «ya que el niño podría tomar eso de 'si no tengo verano yo, tampoco lo tendréis vosotros' como moneda de cambio contra los padres para usar en un futuro».

Por supuesto, en el caso de los universitarios, ellos «son los únicos responsables de sus estudios», explica Rivas. En este caso, los padres sólo pueden «dialogar y orientarles», pues «ya son adultos, y el peor favor que podríamos hacerles es tratarles como niños», matiza Zoilo.

Para ambos profesionales, la importancia de este primer paso de hacer responsable al niño radica en que éste sepa que sus estudios son su obligación, «igual que para sus padres es ir a trabajar todos los días», matiza la psicóloga. De este modo, «ni los castigos ni los premios son recomendables tras las notas».

Quitarle importancia

En el caso concreto de los padres, concienciarse de que el niño ha suspendido y que ello no supone ningún problema grave también es básico. Como explica la psicóloga María José Zoilo, «no hay que caer en comparaciones con el resto de miembros de la familia u otros niños del entorno. Los suspensos no son algo de lo que avergonzarse ni las buenas notas de un hijo un arma con las que atacar a los padres de aquellos chavales que han suspendido algunas asignaturas».

Una vez afrontada la primera fase de concienciación, tanto para padres como para hijos, es el momento de pasar a la acción y crear lo que podría denominarse como 'plan de estudios para el verano'. Tanto para Zoilo como para Rivas, modificar las vacaciones ya planeadas por el suspenso de un hijo sería un error, pues en verano debe haber tiempo para todo, divertirse, descansar y también estudiar. «Como mucho -matiza el pedagogo- habrá que hacer unos pequeños ajustes para que el niño estudie a las mismas horas que lo haría si estuviese en casa».

A la hora de crear ese plan de estudios veraniego lo ideal sería consensuarlo entre padres e hijos. «Hay que negociarlo todo, aunque partiendo de unos mínimos», explica Rivas. Aunque, en los casos en que el niño se muestre reticente a seguir las pautas pactadas, «los padres no pueden comportarse como amigos -sentencia Zoilo-, sino como los padres y educadores que son»,

El plan de estudios variará en función del número de asignaturas que el alumno haya suspendido, manteniendo un equilibrio entre las horas de estudio y el resto de actividades. El número de horas dedicadas al día por los niños dependerá de la facilidad para estudiar de cada caso, aunque José Ignacio Rivas recomienda no más de una hora al día por asignatura.

Apoyo de los padres

En los casos en los que los niños no manifiesten la voluntad de ponerse solos a estudiar, ambos expertos recomiendan la implicación de los padres en el grado que les sea posible. Lo ideal sería vigilar, aunque sin agobiar, que el niño cumple los horarios y se controlara que ha realizado los ejercicios propuestos para el día, así como preguntarle la lección aprendida.

Para María José Zoilo, «el grado de ayuda de los padres se debe ajustar siempre a sus límites, ya que si la ayuda no es eficaz no sirve de nada». Éste es un problema que suele surgir a partir de Secundaria, cuando algunos contenidos pueden sobrepasar los conocimientos de los padres, por lo que en estas ocasiones es recomendable pedir ayuda extra.

Los profesores particulares y las academias aportan a los niños ese apoyo que necesitan a la hora de comprender determinados conceptos, al tiempo que, según Zoilo, «motivan y dan seguridad» a los niños y «comodidad» a algunos padres que no tienen tiempo. En el caso de los universitarios, matiza Rivas, «para superar algunas asignaturas, las academias son imprescindibles, lo que demuestra que estos suspensos más que culpa del alumno son un problema del sistema».

Las pautas expuestas por estos dos especialistas son propuestas orientativas que, por supuesto, hay que adaptar a cada caso concreto. Y si el número de suspensos es elevado, habría que consultar con los profesores, pues habría que considerar que «también es un fracaso de la escuela, que no ha tenido la capacidad de 'enganchar' al niño durante nueve meses», afirma Rivas.

A pesar de que el número de suspensos sea elevado o que se dé por seguro que el niño repita curso, Zoilo y Rivas aconsejan a los padres a que animen a sus hijos para que estudien durante el verano, ya que puede ir adquiriendo buenos hábitos para el próximo año, al tiempo que toman conciencia de que tener que 'hincar los codos' en verano es consecuencia de la actitud que ha mantenido durante el resto del año. Una buena forma de demostrar, tanto a padres como a hijos, que de un suspenso se puede aprender mucho y que, por supuesto, no significa que el niño vaya a ser un fracasado en la vida, pues como bien sentencia María José Zoilo, «el futuro está siempre por hacer».
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