La proteína p53 es un componente celular conocido desde hace 25 años, cuando científicos rusos e israelíes aislaron lo que en principio identificaron como un oncogén -una secuencia promotora de tumores-, ya que su presencia se había detectado en tejidos cancerosos. En años posteriores, estudios más profundos asignaron a p53 la función de «supresor de tumores», al comprobar que su activación impedía que las células tumorales proliferasen con éxito.
La alarma que despierta a este «guardián del genoma» es una agresión al ADN capaz de inducir una mutación, como las que provocan ciertos agentes químicos -sustancias cancerígenas-, estímulos físicos -radiación ultravioleta- o agentes patógenos -virus oncogénicos-. Al recibir la señal de «alerta tumoral», p53 se activa, para lo que cuenta con la colaboración de un activador llamado Arf. El complejo p53-Arf se encarga de neutralizar el peligro, de una de dos maneras: o bien sacrificando la célula maligna, o deteniendo su proliferación. En el primer caso, se dispara la apoptosis o muerte celular programada, una cascada de señalización que conduce al «suicidio obligado» de la célula. En el segundo supuesto, se habla de senescencia, una «congelación» del ciclo celular.
Actividad única
Según explicaba ayer Serrano, «la actividad de p53 es probablemente única: disminuir el daño celular. Pero dado que el envejecimiento supone una acumulación lenta y crónica de daños en el genoma, nos planteamos cuál sería la respuesta de p53 en este daño de baja intensidad». Para responder a esta cuestión generaron una estirpe de ratones transgénicos que poseen una «dosis extra» de p53 y Arf. Los resultados son coherentes con las funciones de p53 previamente reconocidas -los ratones modificados son más resistentes al cáncer-, pero además estos animales tienen una mayor esperanza media de vida, y los síntomas del envejecimiento celular, en especial el daño oxidativo, se reducen.
«Quizá p53 no es el único componente implicado», precisó Serrano. «Pero sí pensamos que es responsable de activar distintos programas según la intensidad del daño. Al efecto archiconocido contra el cáncer, añadimos esta nueva acción, que no mata a la célula ni la impide proliferar, pero que reduce el daño del envejecimiento».









