Los hechos sucedieron, según la sentencia a la que tuvo acceso Europa Press, cuando la Policía Local de Rincón de la Victoria estaba haciendo un control rutinario de vehículos en la avenida del Mediterráneo, en concreto, al coche conducido por el procesado. Cuando fueron a darle el alto, el hombre, condenado por otros delitos, hizo caso omiso a dicha señal y emprendió la huida con el coche por dicha avenida, por lo que fue perseguido por un vehículo policial con las señales luminosas y acústicas que fueron «reiteradamente ignoradas por el procesado».
Evitar ser atropellado
Así, el acusado se saltó en rojo varios semáforos, «obligando a los vehículos que por allí circulaban y a los peatones a apartarse para no ser atropellados». Además, circuló por el carril contrario y, en ocasiones, a una velocidad de 180 kilómetros por hora.
Durante la persecución, cuando el coche se encontraba en la autovía, el procesado arrojó por la ventanilla un bulto negro que una vez intervenido resultó ser una pistola ametralladora y nueve cartuchos sin percutir del mismo calibre que el arma. Finalmente, el hombre fue detenido.
Para el tribunal, los hechos constituyen un delito de depósito de arma de guerra, puesto que tenía en su poder dicha ametralladora; y de otro de desobediencia a agentes de la autoridad, ya que «incumplió el alto policial». Estima que no es una mera falta «desde el momento en el que el acusado mantiene una reiterada oposición a cumplir la orden» durante la persecución.
Asimismo, la Sala de la Audiencia donde se han juzgado los hechos entiende que es un delito contra la seguridad del tráfico, pues «condujo con temeridad manifiesta, al actuar intencionadamente con plena desatención de las normas reguladoras del tráfico, poniendo en peligro real y efectivo la vida y la integridad física de viandantes y de otros conductores».










