LA liebre la levantó el profesor y ex ministro de UCD, Manuel Clavero, quien, junto con el ex presidente de la Junta, Rafael Escuredo, ya está en la historia como máximo protagonista del logro del autogobierno andaluz. Una liebre llamada «deuda histórica» de la que se hacía mención expresa en el anterior estatuto y que en el nuevo ha desaparecido de su texto, según advirtió Clavero días atrás para expresar sus recelos sobre su cumplimiento por parte de Madrid.
Y, ayer mañana, en la comparecencia del presidente Chaves en el Parlamento andaluz, los portavoces parlamentarios de los tres grupos de oposición fueron directamente contra la línea de flotación del presidente acosando al presidente sobre la cuestión. Como era de esperar, el encontronazo entre el líder socialista y presidente de la Junta y la portavoz del PP en la Cámara, la señora Esperanza Oña, fue algo así como una hoguera de san Juan pero en violento y desabrido. Naturalmente, en situaciones semejantes, los periodistas más sensibles lo pasan fatal.
Porque ante el primer gañazón de la señora Oña, don Manuel recordó un pretendido autismo de los gobiernos Aznar sobre el pago de la deuda, lo que hizo reaccionar vibrantemente a la representante popular, quien exigió al presidente que pidiera perdón y se arrepintiera de sus excesos dialécticos contra el recordado presidente Aznar y sus colaboradores.
Ante la cristianamente ofendida, como se deduce del término «arrepentimiento» utilizado por la portavoz del PP, el presidente de la Junta ni se inmutó, que tampoco es excesivamente correcta tal actitud, pero ahí quedó, más o menos, la polémica, para que, a continuación, tomara la palabra la portavoz de IU en la Cámara, doña Concha Caballero, más comedida que la señora costasoleña pero también absolutamente escéptica ante la suerte final del pago de la deuda.
Y otra señora, finalmente, doña Pilar González, del PA que pide el "no" en el referéndum. Más dura que doña Concha pero menos que doña Esperanza, entre otras razones, quizás, porque González no tiene, o, al menos, no exhibe, el indeleble sello de la moral cristiana. Pero tampoco le dedicó ni una sola lisonja al presidente. En fin, aunque la cosa no ha hecho nada más que empezar, en la Cámara, ayer, se patentizó que el debate político será intenso y sin concesiones. Otra cosa será que le guste y le sirva al personal.