Sábado, 27 de enero de 2007
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MÁLAGA

Publicado: 12:54

otra vuelta a Málaga
Paseando y tapeando por Marbella
Marbella es una ciudad ensuciada por su historia más reciente, pero detrás de esa nube aparece una ciudad cómoda, asequible, con un casco antiguo que es un pueblo típico andaluz en el centro de una ciudad moderna
Paseando y tapeando por Marbella
El casco histórico, muy bien conservado, mantiene el tipismo de pueblo andaluz y marinero que en su día fue este gran centro del turismo internacional. / JOSELE-LANZA
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Marbella ahoga a Marbella. Lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que imaginamos va tragándose a Marbella, una ciudad que es necesario visitar para comprobar que en lo que nos contaron faltaban datos, callejones, plazas, tranquilidad. Marbella no es solo la ciudad con mejor clima de Europa, que no es poco, es una ciudad de cien mil habitantes, es la novena ciudad en importancia de Andalucía, elegante, luminosa, abierta al mar. Marbella es una ciudad ensuciada por su historia más reciente, por ciertos programas de televisión y los protagonistas y espectadores de esos programas, pero detrás de esa nube aparece una ciudad cómoda, cosmopolita, asequible, con un casco antiguo que es un pueblo típico andaluz en el centro de una ciudad moderna, con infraestructura para acoger a los turistas con mayor poder adquisitivo, pero también sorprende gratamente, y acoge, a ese viajero normal que solo pretende ver una ciudad bonita y pasar unos días tranquilo en una ciudad que se asoma al mar y que cuenta además con multitud de interesantes excursiones que parten de ella, y todo sin tener que gastarse más dinero del que pagaría en cualquier otra.
Un pueblo blanco en el corazón de Marbella
En el corazón de Marbella existe un pueblo blanco de callejones empedrados y plazas que en este invierno primaveral huelen ya a azahar. Para comenzar la visita dirijámonos al casco antiguo, en pleno centro, perfectamente señalizado, aparquemos allí mismo en un aparcamiento público si no hemos tenido suerte en las calles de alrededor. Si empezamos por la Plaza de la Victoria, una primera sorpresa nos confundirá, pues lo primero que observaremos será un busto de Jaime de Mora y Aragón, pero eso, es solo para confundirnos, sigamos por la calle Estación y nuestra visión se abrirá con la calle, que termina en una plaza que consigue que Marbella nos conquiste si no lo había hecho aún. Es la Plaza de los Naranjos, la de la casa consistorial, con su oficina de turismo junto al ayuntamiento, que miraremos con cierta extraña familiaridad, donde nos proveeremos de planos que ordenen nuestro callejear. Si somos madrugadores por qué no buscar la esquina opuesta a la oficina de turismo y empezar el día de fiesta como nos enseñaron gentes más sabias: con un chocolate con churros. La churrería Ramón, abierta en 1941, sin duda es un buen sitio. Allí estudiaremos los planos (alguna gota de aceite hará que guardemos el mapa como si se tratase de una reliquia, san Churro Bendito, mártir, muerto amasado, frito y luego comido justo antes de que Fernando el Católico entrase en Marbella en 1485; por cierto, ¿dónde estaría Isabel?). Podemos ir fijándonos dónde comer luego, aunque sitios no nos van a faltar. En ese recorrido con la mirada desde la esquina de la plaza, sin duda nos detendremos en la fachada de la Casa del Corregidor, hoy convertido en el restaurante Ciaboga, con una fachada que merece el primer oh. Una capilla con una orientación diferente al resto de casas, la de Santiago, fundada –como la plaza- por los Reyes Católicos (vaya, LOS Reyes, ahora sí estaba Isabel) y los naranjos completan la plaza junto al busto del rey actual (Juan Carlos I, por si alguien descubriese este texto dentro de muchos años y quisiese situarlo) y otros restaurantes con terrazas o balcones a la plaza.
La torre de la iglesia nos lleva a su plaza
Ya hemos visto sobresalir por los tejados la torre de la Iglesia de la Encarnación, y el siguiente paso puede ser ir a buscarla. Sin hacer caso al plano goteado, pues aquí todo está cerca y una pérdida momentánea no hará sino mostrarnos algún rincón precioso, salimos hacia la plaza de la Iglesia. La Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación, el edificio más imponente de Marbella, comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII, aunque el interior tuvo que ser reconstruido tras la guerra civil. La bonita plaza nos muestra grandes restos de la muralla árabe y tomando algunas de las callecitas que salen de ella podemos continuar nuestro recorrido. Si tomamos la calle del Viento llegamos a la calle de Hospital Bazán, donde está el interesante museo de grabado, con obras de Picasso, Miró, Dalí, Chillida o Tapies, entre otros, además de las exposiciones temporales, aunque el edificio en sí ya merece la pena, y a pesar de ser de época renacentista, tiene elementos del gótico y del mudéjar.
Las primeras tapas en San Lázaro
Desde allí podemos continuar hasta la plaza Altamirano, donde tomarnos la primera tapa en el bar Altamirano (ojo, suelen cerrar en enero o febrero), o tomar calle Salinas y recorrer lo que los marbellíes llaman El Castillo, unas murallas en realidad de un castillo musulmán, pero bien conservadas y que hacen más encantador nuestro paseo por esas callejuelas. Si regresamos hasta la plaza de la Iglesia y continuamos en esa dirección por callejones salpicados de suntuosos escaparates y casas antiguas encaladas, llegaremos –pasada la plazoleta África– a una calle estrechísima, la calle San Lázaro, donde le pondremos la tapa a la cámara porque vamos a por eso, a por la tapa. No es necesario permanecer mucho rato en cada sitio –si somos agoniosos y queremos verlo y probarlo todo– pues hay tres bares de buenas tapas caseras, El Estrecho, El Bartolo (que además nos pondrá un aperitivo con la caña) y, enfrente del primero, Tierraranda.
Salgamos del pueblo y entremos en la ciudad
Ya repuestos del desgaste de la fructífera caminata salgamos del casco antiguo, salgamos del pueblo y entremos en la ciudad. Cruzamos la Avenida Ramón y Cajal que poco después se convierte en Ricardo Soriano, la arteria principal de Marbella, y adentrémonos en la frescura de la Alameda, y al otro lado sigamos la peatonal Avenida del Mar por la que llegamos hasta el Paseo Marítimo. Justo antes de bajar los escalones que nos separan del Paseo y de la playa, a la derecha, saciemos el apetito más urgente en la Taberna de Santiago, seguro que no podremos tomar solo una tapa. Andemos hasta el puerto deportivo (aparte del de Puerto Banús adonde podemos ir a tomar un café abrumados por los mástiles de los veleros inverosímiles, y del puerto de Cabopino, junto a las dunas de Artola, también está este puerto deportivo en el centro de Marbella), es un paseo agradable ante innumerables terrazas donde poder picar a un precio más que razonable (y estamos en el centro de Marbella, ¿eh?) con algún que otro restaurante para quienes no se conformen con lo ofrecido hasta ahora. Tras recorrer el puerto deportivo tomemos el paseo marítimo en sentido contrario, y dejemos que el apetito se recupere mientras sorteamos a deportistas y a quienes como nosotros buscan la proximidad del sol, la arena y el mar. Por el camino nos toparemos con algún merendero a pie de playa (el Beach Club del hotel El Fuerte) pero resistamos hasta el final del paseo, nos espera el puerto pesquero. Allí la presencia de casas de pescadores nos sorprenderá, como la existencia de un par de chiringuitos de pescado fresco fresquísimo y formas y precios populares, como El Canuto. Ya un poco cansados, ya totalmente conquistados por Marbella y encima esta recompensa.
Fin de la mano de Luis León
Pero terminemos nuestra visita en el casco antiguo, como seguramente la terminaría Luis León, el detective del inolvidable Félix Bayón, tomándonos algo dulce, muy dulce. En la calle Ancha nos espera ‘La tetería’, con sus habitaciones semioscuras y su ambiente informalmente relajado, o en la calle Alderete, muy cerca de la plaza de la Iglesia, en ‘The zen room’, en un ambiente minimalista envuelto en música chill-out, ideal para un batido o un té con una porción de tarta casera, o dos. Ahora, cuando leamos el nombre de esta ciudad, las imágenes que se agolparán en las paredes de nuestra mente serán otras, más claras, más luminosas, más limpias, sin duda mejores, y totalmente reales.

 
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